Antes esto era llamado "De Eduardo Castañeda para el mundo", pero como nunca pasaba de 7 comentarios en una entrada, le di gas. Aquí encontrarás un pequeñísimo pedazo de mi vida, amores, errores, calores, etc. A su salud!

martes, agosto 15, 2006

Historias confusas acerca de dioses aleatorios II

I

El ser miedosos, gallinas, cobardes, asustadizos, amedrentados, espantadizos, medrosos, huidizos y temerosos, nos viene no de familia, sino de ascendencia divina.
Los dioses, los que se escriben con minúscula, también tienen miedos, y muchos. Se asombrarían de saber lo gallinas que pueden llegar a ser.
Creo que la primera vez que empecé a escuchar y entender el término gallina habrá sido por la época pre-jurásica, es decir, por allá de 1984, cuando si no me falla, se estrenó la primera parte de la trilogía de Volver al Futuro, esa de Bob Zemeckis, y el eterno cara de niño, Michael J. Fox, al que llamaban gallina, y se volvía loco el pobre. Nada ni nadie podía decirle así, porque cambiaba la trama de la historia, el pobre tenía problemas de aceptación, tuvo problema en su etapa anal, y seguramente veía a las gallinas como el elemento femenino, dominado, sojuzgado, y al gallo, pleno, viril, fuerte, como el elemento fálico.
Volviendo al asunto de la deidades, es entendible eso de que tengan miedos, fobias, temores. Y claro: es tanto el poder que tienen, que les asusta no poder controlarlo, o hacer algo temible con esa gran responsabilidad que les ha sido conferida.
Y ya ven, dicen que Jesús, antes de ser entregado, y bla bla bla, temió. ¿Se hubiera escapado? ¿Se hubiera fugado con María Magdalena y se hubiera casado ye tenido diocesitos, como lo dice El Código Da Vinci? Eso habría estado de verse.
El miedo es bien común. Acompaña al hombre desde que se separó del mono –matándolo-, claro está.
De la noche son las cosas del amor, bien lo sabemos, pero también las de horror. No es lo mismo secuestrar, violar y matar a una personita de 12 años, pero que parezca de diez, con la noche como cómplice, que hacerlo a plena luz del día, con gotitas de sudor escurriendo por nuestra frente derecha, y quizás introduciéndose a nuestro ojo, impidiendo ver el perfecto rostro de terror de nuestra víctima, y que sean nuestros ojos la última cosa que vea antes de su escape de este mundo.
Correr entre los prados oscuros, infiltrándose uno a terrenos desconocidos, es de las cosas que más gente me ha dicho que no haría ni por un buen billete en su cartera o monedero. Y ahora les diré porqué.
Hace muchos muchos años, el niño dios del bosque se puso a jugar con sus amigos, los dioses de la pradera, el desierto, la jungla, la selva, y finalmente, el de la sabana.
Este último no era precisamente de la gracia del dios del bosque. Gozaba decirle dios de la sábana, y no de la sabana, como debía ser. Y al otro dios, no le daba precisamente gracia, pero no le quedaba más.
Una sábana les servía a los dioses para cubrirse del frío que mandaba el dios de los vientos y el dios de la temperatura, de los cuales hablaremos en las partes XVIV o XXXII, no he decidido aún.
Y todas estas descarriadas deidades se ponían a jugar a las escondidas,. Que era un juego descomunalmente aburrido, de proporciones L-I-T-E-R-A-L-M-E-N-T-E bíblicas, primero porque todos los involucrados eran dioses, y segundo, porque siendo divinos todos ellos, estaba bien cabrón esconderse.
Y como estaban en los terrenos del dios del bosque, pues este aprovechó para meterse en un bosque, y medio perderse. Pero la noche lo atrapó bien escondido detrás de una montaña, y la cabeza y sus cochinadas ahí metidas le empezaron a jugar una mala pasada.
Este diosito comenzó a sentir que lo seguían, que le querían quitar la investidura, que lo iban a crucificar, etc. Su mente comenzó a revolotear, y comenzó a ver figuras desconocidas, perdidas, difusas.
Y entonces el dios del bosque conoció el miedo: no sabía si era real, o todo estaba en su mente. Comenzaron a crujir varitas, unos pinches lobitos comenzaron a aullar, la luna se hizo grande y se tiñó de sangre, y una extraña niebla comenzó a surgir del suelo.
El dios se echó al suelo y comenzó a temblar. Y como era un dios tan, pero tan grande, le transmitió ese temblor al suelo, y de ahí se originaron los temblores.

II

El relato continúa. Este primer dios miedoso (bueno, todos los son, pero este es el espécimen más divertido de todos), estaba realmente que se moría del temor. Casi le da un vahído: temblor en dientes y rodillas, miles de gotas de un sudor sucio y frío recorrían su cuerpo, respiración rápida y agitada, además de que su cor...
“Un dos tres por el dios del bosque, que está escondido detrás de la montaña”...
El dios de la sabana lo pescó en su intento de guarida. Se fue corriendo al árbol base, y el dios del bosque quedó como un imbécil frente a todos los demás dioses, y todo por su miedo.
Un dios miedoso, se aguanta. Pero un dios miedoso, perdedor y que se orina en la cama eso ya era demasiado.
Fue tanto el odio que le agarró al dios de la sabana, que pensó en vengarse de él, y hacerlo bien. Pero ese compa de verdad que se llevaba fuerte: le hacían una broma y la regresaba el doble de intensa. Sabía alburear, y lo hacía con maestría. La estrategia tendría que ser buena, a como diera lugar.
El dios del bosque quería hacer perdurar el castigo para su captor y descubridor en las escondidillas divinas.
Muy en su cuarto, ya de noche, el dios del bosque no podía dormir, primeramente porque ahora tenía que dormir con una lámpara encendida, y segunda, por el coraje.
Se dio cuenta de que aparte de miedoso, resultó un perdedor, y se tendría que tragar su coraje, porque la vez que lo intentó insultar, resultó humillado, y frente a los demás dioses. ¿A quién se le ocurre meterse con el que a la postre resultaría el dios de los albures?
Fue tanta la frustración del dios de los bosques, que aventó su almohada contra la pared. No contento con eso, se quitó su sábana, y la aventó a la pared, pero al caer, el efecto del aire y la fuerza acumulada causó que la tela volara por los aires, causando una bella y a la vez casual forma.
Y ahí fue donde el dios de los bosques tuvo una maldita idea: rapidísimo le echó una llamada al dios de las almas, y le cobró un favor que le debía.
Corrió a la cocina por un cuchillo de dioses, los más filosos que existen.
Agujeró sus sábanas con dos hoyos de no más de cinco centímetros de diámetro. Y con un alma en pena que le mandó en una cajita el dios de las almas, la tomó con cuidado y la metió dentro de la sábana, y comenzó a vagar por el mundo el primer fantasma, que convierte en un gallina de primera a quien se lo topa de frente.

2 Comentarios:

Anonymous Anónimo dijo...

ese vergas, parece que ese dios temeroso se topó al nich lagay, ex esposo de jessica simpson, y propinó un gran golpe de gallina.
¿cuál dios inventó el trabajo? maldito él y toda su familia.

10:19 AM

 
Anonymous esme dijo...

padre que va tomando forma esta entrega de serie de los dioses!!

9:14 PM

 

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