Antes esto era llamado "De Eduardo Castañeda para el mundo", pero como nunca pasaba de 7 comentarios en una entrada, le di gas. Aquí encontrarás un pequeñísimo pedazo de mi vida, amores, errores, calores, etc. A su salud!

miércoles, septiembre 13, 2006

De la vez que Gabriel se animó a hablarle a una teibolera

A todas luces ella era una bella mujer. Alta, delgada, cabello teñido, un bonito tatuaje ahí donde las mujeres mayores respingan.
Lástima de la profesión de esta chica, llamada Wanda. Y lástima de Gabriel, que es un imbécil mojigato.
Todos los días, de miércoles a sábado, Gabriel emprendía el mismo camino, con tal de reunirse con Wanda. Ya era una rutina, un maldito martirio, pero en su cabeza, Gabriel fantaseaba, creaba castillos en el aire, frase que le encanta repetir a los mayores de 40 años.
Una posible reunión entre Wanda y Gabriel era bastante improbable. Ella, en su profesión, es poco probable que tenga pareja. No le duran, son por interés, por morbo, por lujuria. Claro: era bailarina exótica.
Cada noche, las tres piezas que Wanda interpretaba eran la obsesión de Gabriel: sabía sus pasos, sus contoneos, el destino de sus miradas, incluso su olor.
Él ya era un especialista en el tema. Y no le importaba ni le interesaba la opinión de los demás.
Miércoles. Empezaba la semana. Pero ahí estaba él, estoico, juguetón. Con su cigarro en mano, y con la cerveza que el ya amable mesero le regalaba, esperaba cerca de diez minutos a la que la vistosa dama terminara con su ritual. Su falda, sus tacones. Embobado, Gabriel sólo observaba, pensando en un no muy posible futuro a su lado.
Jueves. Las presiones del trabajo de Gabriel interrumpían el paneo que hacía con ella. Esculcaba con su mirada cada rincón de su cuerpo. La cerveza no ahogaba sus instintos, no mitigaba su fuego interno, no apagaba el interruptor de su concupiscencia. Su figura, esmaltada, cobriza, alucinante, no sólo embobaba a Gabriel, sino a las decenas de parroquianos que se arremolinaban día a día en el Zumpango, la casa de burlesque de moda en donde el acariciar a las chicas era permitido.
Viernes. Este era el día que Gabriel odiaba. Miles de manos toqueteaban a su musa. Ella, con un rostro como de robot, no se inmutaba ni se dignaba a mirar a su agresor corporal. Cada caricia, era como un insulto para ella. Lo menos que podía hacer, era ignorarlos. Desde su trinchera, él no podía entender como esa bella mujer, a quien cada vez sentía más alejada de su realidad, estaba atrapada en esa sub-realidad, submundo, subsistencia y subempleo.
Sábado. Finalmente, el día esperado. Gabriel ansiaba que llegara este día, en el cual, a veces podía platicar con su platónicamente amada.
Ahí estaba ella, en su primera canción, un ritmo fiestero, de esos que animan a todos a mover su cuerpo estúpidamente al ritmo de la música, era el que movía las frágiles curvas de Wanda. Y ahí está ella, con una falda que los puristas de la moda ni se molestarían en llamar falda, debido a su escasez de material textil. El tatuaje que muy a pesar de Gabriel tenía, una linda mariposa en pleno vuelo, no era detectado por muchos de los voyeuristas ahí reunidos, que tenían partes de su complexión más interesantes para observar.
Esos zapatos horriblemente altos ayudaban a Wanda a ser otra: alta, coqueta, retadora. Nada parecido a aquella niña que temía subir las escaleras eléctricas por medio a que le vieran los calzones.
Sus pasos eran dignos de una bailarina. Sensual y coqueta, evitaba al máximo que tocaran sus hasta antes partes nobles. Su mirada robótica era una defensa. Wanda se dijo alguna vez que de mirar a su toqueteador a los ojos, jamás podría volver a ver a un hombre sin sentir repudio por él.
Segunda canción. Debía despojarse de cierta parte de su ropa. Y ahí estuvo. Voló por una parte del escenario su intento de falda. Su blusa fue a parar al rostro de un emocionado espectador.
Y a Gabriel, nada.
Tercera canción. El pubis debería de quedar al descubierto. Y es aquí donde Gabriel sufría, de ver a otros gozar con su princesa, la que ilegalmente le pertenecía. Emborrachándose de su cuerpo, Gabriel se exaltaba, sudaba, se encelaba. La inocencia perdida de Wanda era un veneno que endulzaba y a la vez llenaba de ponzoña la cabeza del ahora iracundo joven.
Estaba harto. Ya no podría soportarlo más. Justo cuando terminaba la danza, ella bajaba lentamente las escaleras, entre una marejada de manos que mallugaban su cuerpo. Entonces, Gabriel se armó de valor, y se decidió a hablar con ella.
Tambloroso, con miedo, pero con el poder de decisión que le otorgan dos cervezas y el ver a una marabunta de dedos insertándose en los orificios inferiores de Wanda, Gabriel se acercó con la juvenil musa. Justo cuando se disponía a platicar con un cliente, el la tomó del brazo derecho, y haciéndola voltear para escuchar su voz, dijo:
“Ya vámonos, Wanda, o mi mamá se va a enojar”...

6 Comentarios:

Anonymous Anónimo dijo...

este cuento es como un saludo de honor a la zota y sus grandes recuerdos, los mejores momentos de la vida se pasan en un table. eso vergas!

10:15 AM

 
Blogger Don Pisador dijo...

Orale!!! eres bueno! que digo bueno, eres excelso! el final no me gusto! por que le falto una nalgada perversa pero aun asi eres bueno! que digo bueno, eres excelso! que digo excelso, eres bien reata!!!

8:52 AM

 
Anonymous MGM dijo...

en la forma en que describes al principio tan detalladamente lo que es desar a la table, ja yo creo muchos hombres se identificaron con esa descripcion, y el final... excelente... asi tenia que terminar, para que sea otro magnifico cuento de Mr. Castañeda..

Saludos..

6:55 PM

 
Blogger Alma Ramírez dijo...

el tercer cuento de extensión decente que te leo. Chido.

6:16 PM

 
Anonymous Anónimo dijo...

La verdad, a la lectura le falta el tono literario que amarra, pero se entiende, que es lo que importa, aunque parezca extraido de algún fragmento de novela "hippiesca" de aquellos años... pero te recomiendo ser más moderno al escribir, para que no parezca cuento "setentero"... ya de por si eres algo insulso con la letras, pero ahi la llevas.

7:24 PM

 
Blogger Guevara dijo...

me gustó el final...
y usté sea anacrónico, vale madre... zaz?
new blog, compa

9:30 AM

 

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