Antes esto era llamado "De Eduardo Castañeda para el mundo", pero como nunca pasaba de 7 comentarios en una entrada, le di gas. Aquí encontrarás un pequeñísimo pedazo de mi vida, amores, errores, calores, etc. A su salud!

martes, octubre 17, 2006

Yo sólo quería que se callara

Y allí estaba ella. Y ahí estaba él también.
La historia de ambos no se alargaba muchos capítulos, quizás uno o dos, tres a lo mucho, pero era interesante, eso que ni qué.
Rebeca y Matías, esa especie de Bonny & Clyde modernos, tanto por pelafustanes como por aburridos, no eran lo que precisamente podía llamarse una bonita pareja.
¿Pero, ya eran una dualidad?
Cuando el mesero los vio por primera vez, era un jueves por la noche. Hacía mucho calor, y él se despachó dos cervezas. Ella, bastante inocente, no bebía. Ni por educación quiso probar bocado o bebida.
Rebeca, de anchas caderas, negro pelo, prominentes cachetes y sencilla sonrisa, no era lo que las mujeres bellas precisamente llamarían una contrincante. Era, simplemente, una mujer más.
Además de sus medidas, tenía en contra varias cosas. La damita era un manojo de nervios: temblaba, se sacudía, no podía estarse quieta. Una servilleta en su mano duraba un minuto, a lo mucho. Y un hombre, a su lado, ni un par de semanas.
Por el otro lado está Matías, un galán de barrio. Seguramente Pedro Infante empezó como él: dejando novias en una colonia, luego en una manzana; y en varias ciudades, cuando mejoró sus técnicas amatorias.
No era mal parecido, ni tampoco un gran rompecorazones, pero sabía ganarse a las mujeres: las escuchaba, las llenaba de halagos, y sabía, como pocos, volverse indispensables para ellas, pero sin envolverse con ellas.
¿Cómo está eso?
Sí, Matías era bueno para esconder la verdad, sin decir mentiras; para envolver, sin retorcer; para rodear, pero sin atrapar.
Su técnica era sencilla: se metía en los corazones de las damitas sin que ellas se dieran cuenta. Y más importante todavía: sin que se dieran cuenta de que peleaban con otras más por el título de propiedad del corazón delator de Matías.
Nunca mencionaba el truculento galán que salía con varias chicas a la vez, que les decía “preciosa” a más de una; que cambiaba las sábanas dos o tres veces en un mismo fin de semana.
Rebeca era solamente una chica más para la libreta de cuerpos de Matías, en la cual apuntaba sus datos generales, su calificación en términos amatorios, y si alguna vez tenía intenciones de volverla a ver.
Toda una máquina de penetración era Matías. Uno de sus mejores amigos se volvió Osvaldo, el feliz encargado de la farmacia de a dos cuadra de su casa, que veía como su negocios prosperaba gracias a las noches de pasión de Matías.
Y así es cómo da inicio su historia.
Luego de la salida del jueves, Matías ya tenía previsto que a la segunda cita, Rebeca le ofreciera su amor, esa prueba tan necesaria para él, que de no obtenerla, simplemente la botaba. Y no ofrecía algún motivo: la cantidad de lágrimas derramada por las amigas, birladas y burladas por Matías, debía servir para darle de beber líquido salado a un país pequeño.
En su primera cita, coquetearon, se miraron con buenos ojos, pero era raro que el galán actuara en la primera oportunidad que tenía. Prefería estudiar al enemigo, olerlo, detectar sus fallas y sus áreas de oportunidad.
Ya en la segunda cita, procedía a tocarla, acercarse a ella, establecer el vínculo que en una o dos semanas, a lo mucho, él cortaría.
Y eso estaba pasando. En el restaurante –de mediana categoría, siempre, ya que Matías no era de los que invertía mucho en sus conquistas-, la mesera, bastante bonita por cierto, los sentó en una mesa cuadrada, de cuatro plazas, para que tomaran su lugar uno frente al otro.
“No, me siento muy lejos. ¿Te parece si me pongo enfrente de ti?”, preguntaba un retador y a la vez tierno Matías.
No había dama que se negase.
Él era todo modales: preguntaba si podía fumar, se levantaba de su silla si ella debía de ir al baño, en todo momento se esforzaba en que su comensal invitada estuviera a gusto.
Ya en la sobremesa, su mano se posó tiernamente en la extremidad superior derecha de su víctima, que se ruborizó, pero no la separó de la suya. Primer punto a favor de Matías.
Con la mano cansada, presuntamente, comenzó a acariciarle la rodilla, con suavidad, e insistencia.
Era tal su maestría, que Matías podía detectar cuando el sexo de ella comenzaba a excretar sustancias. Sabía que su temperatura subía, y entonces, era el momento de pedir la cuenta.
Pero Matías, Matías de verdad que estaba en un problema, y serio.
Y es que Rebeca era la mujer más insoportable que hubiera conocido él en la vida.
Si pidió la cuenta, fue porque sabía que podría obtener algo de ella, pero también, estaba obligado a irse. Ya no podía soportar a su damita de compañía.
A Matías lo enseñaron sus padres a prestar atención, a ser un buen conversador, a ofrecer sus puntos de vista sólo si se los solicitaban, a hacer preguntas para sostener el hilo, etc.
Pero con Rebeca, todo eso era imposible. Simplemente, esa maldita mujer no se callaba. Todo era un interminable juego de lo que ella pensaba, lo que ella sentía, lo que a ella le daba risa. Cuando Matías comenzaba a narrar algo, rápidamente era cortado por Rebeca para ofrecerle una mejor interpretación de la idea que él estaba contando.
Y claro está que los límites de Matías ya estaban por colmarse. Era imposible intentar dialogar con la dama en cuestión.
El plazo estaba por cumplirse, empero.
Sería en la tercera cita en la que él llevaría a la dama a su apartamento, su templo del amor, la guarida de la lujuria, la catedral de la pasión.
Ahí, él le daría un esbozo de que era una buena persona, un lindo chico: en la mesa estaban unas flores recién cortadas –por alguien más-; guisaría una rica cena, culminada con ¬un rico vino chileno, unas trufas de postre, y aunque no estaba mencionado en el menú, el plato fuerte sería ella en la cama.
Y procedieron. La velada estaba siendo agradable, con ligeros vientos ayudando a Matías a apagar las luces de las velas, ocasionando una falta de luz que ayudaba a las no finas intenciones del galán.
El vestido que portaba Rebeca no era feo, pero Matías se lo quería quitar. La corbata de él, a rayas naranjas sobre una cama azul, no tardaría en desanudarse, para que luego ellos comenzaran a desnudarse.
Una ligera jaqueca azotaba a Matías. Estas escuchando hora y 20 de incontables retahilas, anécdotas sosas y risas fingidas, era para adormecer a cualquiera. Pero ahí estaba él, seco como una raíz, pero fuerte como un tronco.
Y pasó, simplemente pasó. La danza más antigua del mundo comenzó, entre ambos. Pieles, sudores, aromas, aceites, salivas, fluidos se mezclaron, haciendo una conjunción que a Matías le encantaba. Pero luego vino lo peor.
La charla post coital.
¿Es que acaso no podía callarse esa mujer?
Que si los puntos g, que si los orgasmos, que si la plenitud, que si era la primera, que si tenía mucha experiencia, etc.
Todo hombre, llega a su límite. Y verdaderamente Matías ya no quería saber del tema, de sus amigas, de ella, de nada.
Por eso, se armó de valor. Trató de pensar en las palabras justas, en la frase correcta, en lo idóneo para la ocasión.
Y en su afán de callarla, de dejarla absorta, de que guardara silencio tan sólo un momento, Matías ofreció un diálogo para el insólito:
“Rebeca...Te amo”.

10 Comentarios:

Anonymous Anónimo dijo...

Falto decir ke el segundo Nombre de Matias es EDUARDO, tan misogino como siempre, ke patan.

10:27 AM

 
Anonymous Anónimo dijo...

don matías vuosso, jejejeje. patán, jajaj, gran palabra.
las tribulaciones de un tipo que no quería escuchar inutiles charlas postcoitales.
saludos vergas, ese apodo es aún más misogino, jejeje.,

10:57 AM

 
Anonymous Anónimo dijo...

Vaya.. interesante historia... solo habría que dislucidar cuan de su realidad es la que se plasma aqui.. creo que mejor no lo averiguo.. me quedo con la amistad.

Y ya no estupidee a Shakira.. sale?
Cuidese!

11:02 AM

 
Anonymous Anónimo dijo...

muy autobiografico... solo una correccion.. creo que no es "No, estoy muy lejos. Te parece si me pongo enfrente de ti?"... Es "a un lado de ti"... te acuerdas?. muy aburrido por lo mismo autobiografico

11:26 AM

 
Anonymous mera dijo...

oooops q balconeada te dan las criticas mi querido escritor,y q amplia veta froidiana!(parafraseando al personaje psicologo de "cilantro y perejil")
da mucho q pensar,pero sobre ti y lo mejor seria pensar en el personaje,no crees? un besito

4:43 PM

 
Anonymous Anónimo dijo...

malditos hombres que callaís a la mujer de manera tan cobarde jajaja

4:54 PM

 
Anonymous Anónimo dijo...

Pues ya que están en el buzón de quejas:
Matías tiene mal gusto al vestir. ¿Corbata de rayas naranjas sobre cama azul? ..chale! cero fashion....

6:33 PM

 
Anonymous Anónimo dijo...

Ay ALgo mas aparte de TAnta queja que se encuentra aQUI... Decir TE AMo SIgnifica REndirse, Decir TE AMO Significa Morir, Decir TE AMo TE Vuelve Vulnerable, Decir Te AMO es Morir.........

3:42 PM

 
Anonymous Anónimo dijo...

Matías o Eduardo?
Chafísimo

2:20 PM

 
Anonymous Anónimo dijo...

Recomendación: haga otro blog... y déjese de egocentricidades de andarlo pasando a todo mundo y de titularlo: "de eduardo castañeda para el mundo"...
En mi ignorancia pedo opinar que el final me pareció cómico... recordemos que uno de los elementos de la comedia es precisamente es resolver algo de forma inesperada y contraria al "ideal"...
Lástima, compa... en el pecado está llevando la penitencia... y no me refiero precisamente a lo autobiográfico...
Y ud sabe quien soy, aunque firme como anónimo...

8:33 PM

 

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