Cui, cui, cuiiiiiiiiiiiiiii………..
Por Eduardo Castañeda Sarabia
Y así, su último recurso fue tirarse…
Sus pezuñas dejaron de sentir el suelo. El aire jugaba con sus cuerpos: de repente ya no sentían temor, sino una extraña alegría, mezclada con euforia. Momentos antes de estrellarse, un alivio cruzó sus corazones, justo como el gancho lo hace en el momento exacto en que atraviesa su miembro vital para arrancarles la vida en condiciones normales.
Este grupo de cochinos, comandados por el valiente Segarpio, estaba ante la odisea de su vida: enfilarse en contra de ese señor de ropas blancas, y de barba a medio cortar, o perder la vida a causa de la fuera de gravedad.
Segarpio, Olegario, Estebanino, Trapachón, Focuarsio, Gumersio, Rodomiro y Leprechoso, todos ellos unos cerdos muy cordiales, no sabían porque tuvieron ante sí una prueba tan dura –tener adentro al diablo, al mismísimo diablo-.
La octeta de marranos, todos ellos gordos, pero muy limpios –sólo los escasos de razón desconocen que los cerdos son de los animales más limpios que existen-, salían a pastar en aquella mañana soleada. Israel, su dueño, conocía bien de la sobrada inteligencia de sus animales: prefería que ellos comieran hierba, y no las sobras.
“Pero los cerdos no comen pasto, Israel”, le comentó su hermano Isaac.
“Sí, pero ellos no lo saben”, fue su certera respuesta.
Y ahí andaba la cuasi decena porcina, pastando. El sol hacía brillar su tersa piel. El cuero de un cochino nunca había sido tan suave, tan leal al tacto como con esos puercos. Israel era feliz con sus animales, de eso no había duda.
Se mencionaba por ahí que ese día vendría al pueblo un visitante de otras regiones, un tal Jesús de Naza… algo. A Israel, claro, le importaba tanto como el aumento en el precio de la mirra.
El tal Jesús, no era ni más ni menos que el Nazareno, el hijo putativo del Dios de las tierras occidentales. Ese dios malévolo, que destruyó ciudades enteras a causa de sus pecados, el que ordenaba a sus abonados que mataran a sus hijos, y que mandaba inundar todo hasta donde abarcara la vista, había tenido un hijo, y lo mandaba a predicar su palabra como un merolico.
A muchos no les interesaba su retahíla de palabras, fueran bonitas o poéticas. Israel era uno de ellos. Él vivía bajo las estrictas reglas del hombre: si matas, te mato; si robas, te corto las manos; si desvirgas, te casas.
“Estas sí son reglas, no chingaderas”, pensaba Israel.
Ya estaban montando una especie de templete para que el pregonador ofreciera su plática en la plaza principal y todo. Al parecer, la visita era la gran cosa.
“Si alguien te abofetea, ofréceles tu otra mejilla”…
¿Qué pavadas estaba diciendo este hombre? Israel no daba crédito, rédito ni intereses a lo que estaba escuchando. La multitud ahí reunida, como en un previo milenario de un mitin político, soltaba risitas de vez en cuando.
Entonces, Israel, ya retirándose a cosas más importantes, se topó con un hombre de mirada turbia, cuyo sólo roce le dio escalofríos. Su barba, su mirada, su cara, sentía haberlos visto en sueños –sólo en aquellos que terminaban mal-.
Se retiró, con miedo. La sola presencia le atemorizaba. Con una orden de su vara, Israel trajo a sus puercos. Rápidamente, Segarpio guió a grupo de chanchos a seguir a su amo.
Pero las cosas no estaban bien. Comenzó una rebatinga en la plaza. Aquél hombre de mirada rasposa era al que llamaban el Anticristo, algo así como un perredista, pero en tiempos bíblicos: nació el 6 de junio, su madre lo aborrecía, mataba pájaros con su resortera, y quería hacer del mundo un burdel, donde no hubiera que pagar cuota por la carne. Un festín.
Se hicieron de palabras. Y de hicieron de golpes. El Mesías, ñango, flaco, espirifláutico dirían algunos, resultó correoso: le estaba metiendo una buena madriza a su infernal contrincante.
Se fueron alejando del pueblo, y enfilándose a casa de Israel, cerca del precipicio de la montaña. ¡Pum! ¡Cuaz! ¡Brooom! Los catorrazos estaban a la orden del día.
Ya estando Israel en casa, recostado, escuchó ruidos a lo lejos. Se asomó por la ventana, y vio a dos seres peleando.
Solamente se sobresaltó cuando vio a Gumersio acercarse.
Salió corriendo, dándole la orden a Segarpio de que fuera por su cochino amigo.
La manada de marranos fue en busca del puerco travieso, pero no fue una buena idea, porque, como siempre, le tocó salir perdiendo a los inocentes.
En una maniobra sobrehumana, el maligno cambió de forma, se desvaneció, y fue a meterse en los cochinos, quienes, azorados, comenzaron a comportarse extrañamente.
Gumersio corría dando vueltas, siendo que era el chancho más gordo de todos; Focuarsio rascaba con sus pezuñas las piedras; Trapachón y Rodomiro peleaban, sin saber porqué; Estebanino daba graciosos brincos por los aires; Leprechoso y Olegario empezaron a copular;y Segarpio corrió para tumbar a Jesús.
Pero algo lo detuvo: su primitivo instinto porcino lo mantuvo en su sitio, inmóvil, impávido. Sus ojos cambiaron de tono a un rojo sangre. Miró por última vez a Jesús, dio media vuelta, y enfiló hacia el precipicio.
Sus comparsas porcinos no dudaron en seguir a su líder. El desfiladero vio pasar uno a uno a los puercos, que por azares malévolos, dieron su vida por ÉL.
Y esta es la triste historia de porqué los judíos no comen carne de puerco.

4 Comentarios:
jajajajajaj, yo pensé que no lo comían por tener alguna distinción que los diferenciara de la bola de perros.
pobres porcinos,vergas, les dio un triste final, pero salvaron el mundo.
10:09 AM
ingenioso he?...pues pareces alguien interesante aunke klaro! no es ke hubieras estado esperando a ke alguien te lo dijera verdad?¿ de entrada tienes buenos gustos y una amplia conversaciòn...kosa ke falta en los hombres y mas tomando en cuenta ke soy de la tierra de los gays (POR DESGRACIA) jajajaj WANATOS...WANATOS KERIDA...LLENA DE GAYS Y TRANSGENEROS...PERO DE MORRAS WUAPAS TAMBIEN...jajaja TRISTEMENTE ES MUCHA LA KOMPETENCIA... SOY MUJER HETEROSEXUAL Y ASI ES...ABUNDAMOS LAS MUJERES Y LOS HOMBRES HETERO Y KON BUENA PLATIKA ADEMAS... CONTADITOS SON..CHALE!!!!!!!!!!!!
3:52 PM
Pinches historias marranas que escribes... Por otro lado me divertí como chancho en charco leyendola, nomaás cuando dice "pavadas" me pareció que se requería otra palabra.
3:40 PM
Pues puerquito cuidate y echale ganas a la vida...
4:59 PM
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