"Nosotras también tenemos sentimientos"
No son sólo un trozo de carne, cual aparador de Central de Carnes. Ellas también piensan, sienten, se ofenden, y sí, sienten el peso de las miradas sucias por parte de los “caballeros”.
Con ustedes, señores, las edecanes.
Uno de los principales atractivos del Grand Prix son las edecanes, esas delicadas siluetas envueltas en una dispersa magia, que cual sirenas a Ulises, atraen a los hombres y a sus lascivos deseos.
Telmex. Tecate. Nextel. Herdez. Las marcas que promocionan son lo de menos. Lo importante son las tallas cero de la muchachas, casi todas ellas uniformadas con un arete en el ombligo, un tatuaje justo arriba de sus firmes glúteos, cabello largo y alaciado, y una sonrisa que no quitarán –no pueden- a lo largo de toda la jornada.
Su sueldo no es para dar brincos de alegría. Algunas soportan la jornada por 300 pesos, algunas otras por mil. Para muchos, eso podrá sonar mucho: un albañil se parte la espalda todo el día por 100 pesos, y ellas sólo tienen que sonreír, posar para las fotos, y mover cadenciosamente su cadera al caminar.
Pero no, el ser un linda edecán implica mucho más.
Para empezar, el estar a dieta rigurosa no es agradable. Y en Monterrey, tierra de arracheras, tacos, discadas y demás, eso no es sencillo.
Luego, tienen que tomar clases, cursos y pláticas acerca de cómo tratar y lidiar con clientes.
Y sí. Ellas también tienen que soportar toqueteos, abrazos que quieren llegar más allá, proposiciones nada tiernas, y sobretodo, esas miradas vulgares que no le desearían ni a la mamá de su peor enemiga.
“Claro que nos damos cuenta. Que te vean primero a los ojos y luego te escaneen es padre, pero que primero te vean todo y al último la cara sí te hace sentir vulgar”, cuenta Luisa, de una conocida y muy consumida marca de cerveza.
De perdido no las hacen usar tacones. Casi todas ellas usan zapatos cómodos, o tenis las que más, preparadas a la larga jornada -10 horas en algunos casos-.
-¿Te hacen sentir como un pedazo de carne?-, le pregunto a una de ellas.
Primero me mira con reproche. Luego dispara: “no lo había pensado así, pero mucha gente sí nos ve así. Se les olvida que somos amigas de sus hermanas, conocidas de sus primas, o chavas que simplemente merecemos un respeto”, comenta Rosalía, de Nextel.
Comentándoles del reportaje a algunos conocidos, la primera impresión que causan las edecanes es una: “viejas fáciles”, respondió uno. “Chavas pendejas pero bonitas, que ni a modelo llegan”, espetó otro.
Pero cual sería mi sorpresa. Ni lo uno ni lo otro.
Una de las entrevistadas, Samantha, de tentadores ojos y sonrisa cautivadora, me salió con que es graduada de relaciones Internacionales, y habla cuatro idiomas: japonés, italiano, inglés y español. Y yo, que me siento tan chingón, sólo sé decir scheisse (mierda) en alemán, arigato (hola) en japonés, y muito obrigado (muchas gracias) en portugués.
Un punto a su favor.
“No puedo hablar por todas, pero no somos idiotas. Estas personas requieren gente con buena presentación”, explica.
Buena presentación. Según el sondeo, esas dos palabras tan comunes en los anuncios de empleo, se refieren a un rostro libre de espinillas, de preferencia blanco o moreno claro, con talla cero (una cintura como del largo de dos cajas de disco compacto, como ejemplo), sonrisa carismática, y facilidad de palabra.
Su equipo de trabajo es simplemente su figura, y siempre una sonrisa. No importa si están lidiando con borrachos, con tipos que se quieren pasar de listos, convirtiendo un abrazo en algo más, o recibiendo propuestas libidinosas.
“Es muy raro que le demos el teléfono a alguien”, dice. “Si insiste, le damos el teléfono de la agencia donde trabajamos”.
-¿Y si te gusta el tipo?-, pregunto.
“Hacemos excepciones de vez en cuando”, dice Samantha sonriente.
A la mayoría, sus padres no objetan su profesión, la cual, en promedio, no pasará de los 26 años, ya que a partir de esa edad, la gravedad empieza a obrar en sus cuerpos, la celulitis a causar estragos, y es una buena edad para casarse.
Me gustó un comentario de Lidia, de Tecate, con el cual cerramos este texto, en el cual, pretendí conocer más de esa ingeniosa creación de la mercadotecnia llamada edecán.
“La gente te critica por vender tu imagen, que según ellos es vender tu cuerpo, pero eso no es cierto, eso tienes otras connotaciones. Ser edecán no significa estar hueca. Ellos no se ponen a pensar que estudiaste una carrera, que en algunos casos mantienes a tu familia, que te esfuerzas trabajando todo el día. Nosotras también tenemos sentimientos, pensamos, y realizamos un trabajo de más de ocho horas”.

1 Comentarios:
muy interesante tu blog
11:53 PM
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